Hola, queridos destinatarios de este olvidado blog.
Estos días -o semanas, quién sabe ya- estuvimos recolectando nuevas aventurillas y fotografías dignas de álbumes turísticos, para compartir con ustedes. Y ahora entonces las ponemos todas juntas, como último post de este efímero pero querido diario de viaje. A partir de mañana nuestros caminos se bifurcarán y Agus (o yo, ya que escribo yo, o sea Agus) seguirá europeizándose en soledad, y dice que no da actualizar por su cuenta y cargo un blog que lleva dos apellidos. Bah, en realidad dice que le va a dar fiaca.
Así que, esta fue nuestra semana en la espectacular selva negra, donde fuimos guiados por la sabia mano del amigo enrulado. Con base en Offenburg, y con el primermundísimo Deustche Bahn como aliado principal (sin por ello descartar auto, bicicleta y nuestros pies), recorrimos Freiburg, Triberg, Karlsruhe, Basel, Strasbourg y otros pueblitos de esa bella zona sureña (pueblitos que tienen que agradecer que la gente los hiperbolice tanto como para siquiera llamarlos pueblos).
Afortunadamente los viajes no eran solo un medio sino también un fin, al menos si de emborracharse se trata, en este caso gracias a los chupitos de Kirsch de la hermosa morocha en despedida de soltera, calzada con un infaltable Bollenheute ("bolajut" para los amigos).
De Freiburg, tal vez la ciudad más linda de la zona, tenemos pocas fotos. La primera es de una masacre, pobre torre.
El amigo Vale (físico-biólogo-geógrafo, oldschool MC, guía de turismo en Laos, profesor de Kung Fu, cocinero) fue de la partida.
Una sandía bajo la catedral. Con mucho zoom, se ve la gárgola que tira agua por el culo.
El viejo Rathaus, delicia marca techito.
Una callecita de novela.
Misterio en el castillo ¿inflable?
Tourist style, fraia!
Así son Tamay y vale. Record store, Science shop, cada uno en la suya bajo el mismo techo.
En esta calle te vivo, eh. Con árboles porteños y todo.
Pizza con Flo y Dominguito.
Expliquennos este cartel, bitte.
Kung fu en el Rin, con Francia del otro lado.
Al otro día fuimos a un pueblo que andá a saber el nombre. 3 calles tiene, siendo generosos. Pero leendas.
El que nunca se sacó una foto goma, que tire la primera piedra.
Laurie nos explica las vicisitudes de esta casita germánica.
Upa.
Sacale el auto y es el paraíso, no?
Después de esta foto a la Jeff Wall, Tamay dijo "acá el mundo todavía funciona". Seh.
Acá agarramos el auto y pasamos por este pueblo que es solo esto. Y nada menos.
En la entrada del pueblo, este coso. Coso.
Fantasías repetidas de ayer y hoy, en todo el camino hacia las profundidades de la schwarzwald.
En la entrada al museo de la schwarzwald (selva negra en criollo),
que en el interior de casas de la época, muestra joyas históricas trascendentales como:
la primera receta de torta que da nombre y fama a la región. Patrimonio.
Walker Evans Laurie.
En las próximas tres fotos, Laurie encuentra un kätzchen y tiene un orgasmo animal.
Mientras, Tamay y Agus hacen cosas de chicos en el campamento de mogólicos.
Muy mogólicos.
Una de las casas del museo al aire libre, trasladadas de distintas zonas de la región para disfrute del turista y el ultranacionalista ario.
Tamay, mientras tanto, encuentra en el museo un cultivo industrial de maconha y se psicodeliza,
De ahí fuimos a Triberg, capital de las cascadas más grandes de Alemania, así como de los relojes de cucú.
Acá, un goma.
3 gomas.
y un topo.
es que
la
naturaleza
es
sublime.
Demasiada caminata. A comerla.
Y esa es la breve historia de la pobre Schwarzwälder kirschetorte.
Un pato.
Un ovni.
Se pone de noche.
Y aparecen los gnomos.
Cucú.
De ahí nos fuimos al castillo de nosedónde, hoy convertido en hostel. La crisis pega también en la nobleza, vio.
Ahí, contemplamos el paisaje y nos dimos piquitos.
Al día siguiente cruzamos hacia Strasbourg, Francia. La ciudad del este europea. Aunque más caruli. Un par de fotos, nomás, si quieren más vengan y sáquenlas ustedes.
Ésta es la catedral: por si no se dieron cuenta es gótica.
Y ésta es una escultura que nos deja pensando. Ajá.
A la noche cocinamos, y como este es nuestro blog si queremos sacarle una foto y postearla, agarramos y lo hacemos. Cuscus con mango y castañas de cajú, lo que se dice autóctono, seh.
Y ahora nos vinimos para Hamburgo. Hermosa ciudad, pero hasta ahora solo le robamos el alma en el Planten und Blumen. Y con estas bellezas del reino vegetal nos despedimos de este blog, esperando hayan sabido disfrutar de europa desde sus cómodas sillas reclinables tercermundistas. Muchas gracias por su atención y bon voyage <3.