El último día en Budapest estuvo repartido entre el Ludwig Museum of Contemporary Arts, y la Isla Margarita.
El Ludwig es malo y cheto. Muy cheto. Todavía no tiene colección permanente. El edificio es compartido entre el museo, una sala enorme tipo ópera, y un teatro más pequeño. Vimos una muestra de unos diseñadores muy conceptuaburridos, y otra de Mapplethorpe, donde aprendimos que, en húngaro, eso que tanto le gustaba a Robert se dice "farok".
Afuera, enfrente, estaba Babel modelo Tierra Santa.
Y se ve que había función en la ópera, por las caripelas y vestimentas que entraban al edificio.
Edificio que, como pueden ver, tenía ínfulas top notch, Catalinas Norte.
Y de ahí a la hermosa Isla Margarita. De noche se pone, mucho, onda botellón. Pero de día también hay joda. Por ejemplo, los amigos medievales, con hachas y cota de malla.
Entrenamientos líricos y books, al mismo precio.
Una especie de playita artificial que rodea toda la isla, muy bello.
Un micro-zoológico con aves entrenadas para el modelaje.
Y mucho, mucho verde. Basta de fotos y a descansar en el pasto.
Cuando retomamos la excursión, encontramos una iglesia del s.XII (aunque rearmada hace poco). Mística.
El estanque de la última parte de la isla era un all-time favourite para niños, parejitas y fotoaficionados. Nosotros decidimos actuar como todo eso junto.
Y después sí, cerramos la cámara, esperamos a la caída del sol en la isla, y le dijimos chau a Budapest.




































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